Una fiesta de todos


fiestas-en-la-empresaTodos los que trabajan en una oficina tienen miles de historias para recordar ocurridas en  la empresa. Son muchas las horas acumuladas dentro de ese ámbito, casi se podría decir que son más las que pasamos allí que en nuestra propia casa. Por lo tanto, la empresa se convierte en nuestro segundo hogar. Y como en toda familia grande, las anécdotas abundan.

Si tuviera que elegir un momento del año en que todos formamos parte de la misma historia, sin dudarlo, elijo el mes de diciembre cuando llega el momento de organizar la gran cena de fin de año de la empresa.

Aunque todos estamos esperando ese momento con la mejor voluntad, los inconvenientes no se hacen esperar. Por lo pronto, ¡qué difícil es determinar la fecha!, cuando ya tienes apalabrado a un buen grupo, que te empiezan a anular porque resulta que les coincide con la fecha de otra fiesta con amigos de la facultad, o que su mujer tiene la de su empresa. Y de nuevo a empezar. Pero bueno, ya lo logramos, tenemos fijada fecha.

El lugar es otro temita que se las trae. Todos quieren que sea cerca de sus casas, por aquello de poder quedarse hasta más tarde o por temas del tránsito complicado. Os imaginaréis que es imposible. Empezamos por buscar un lugar que a todos nos signifique el mismo tiempo de traslado, no es fácil conseguirlo. Hasta que al final, el que se ocupa de la organización decide el lugar por decreto ley, y no se hable más.

Además, me pregunto ¿quién habrá inventado eso del regalo del amigo invisible?, estoy segura que todos tenéis, en algún cajón, acumulados esos regalitos insólitos a los cuales no les habéis podido dar uso.

Unos días antes de la fiesta, todos están inquietos o recelosos pensando en cómo conseguir una buena ubicación. Como ocurre en las mejores familias, algunos nos caen mejor y otros no tanto. Llevamos años de experiencia y sabemos que, muchas veces, por más que hemos intentado sentarnos cerca de los compañeros con que congeniamos, siempre nos sale al paso uno de esos que nos caen pesados y nos dan la noche.

Ah, y ¿qué me contáis del discurso del Jefe?  ¡Qué momento inolvidable e irrepetible!

Y así año tras año, cada vez resulta más difícil conseguir quien quiera hacerse cargo de la organización. Porque si es complicado lograr un acuerdo para hacerla, también después hay que soportar las críticas de los que no ayudaron en absoluto y nunca quedan conformes.

Ahora que me pongo a pensar, sólo recuerdo una oportunidad en que la cena fue un verdadero éxito y todos quedaron muy conformes. ¿Será porque el que la organizó fue el Jefe?

Susana Fernández Capittini. Asistente virtual certificada


 

 

 

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