¿Por qué no agradamos a todo el mundo?

 

 

 

Agradar a los demásA todos, en mayor o menor medida nos interesan las opiniones que los demás emiten sobre nosotros. Con solo enterarnos que en el trabajo, entre nuestros amigos o en nuestra familia, somos censurados por alguien, ya sentimos que peligra nuestra autoestima.

Siempre que notamos indiferencia, frialdad o aversión por parte de alguien, lo primero que pensamos es que hemos cometido algún error. Por lo tanto, intentamos acercarnos a él con amabilidad, pero no siempre resulta, es más, observamos que su hostilidad se refuerza. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿por qué no le caigo bien?

La química de las relaciones humanas es bastante compleja, y por ello muchas veces nuestro empeño de acercamiento puede provocar el rechazo. En las relaciones sociales debemos valorar la distensión y la espontaneidad.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que tras la necesidad de gustar y complacer a todo el mundo se oculta una inseguridad enfermiza. De tal manera que se termina siendo esclavo de la opinión ajena, y sólo se siente que existe cuando es halagado o aprobado por el entorno. El problema se acentúa cuando alguien se resiste, debido a que siempre existirán personas a las que jamás gustaremos, ya sea por incompatibilidad de caracteres o porque se dejan guiar por ideas preconcebidas. No todo el mundo puede estar de nuestra parte, lo cual no significa que tengamos adversarios. Simplemente que al no existir un terreno común para la complicidad, no es posible ponerse de acuerdo. Debemos mostrarnos de una manera franca y aceptar con naturalidad ya sea el reconocimiento como la desaprobación o la indiferencia. Será mayor el gusto de ser nosotros mismos que obtener el elogio de todo el mundo.

Es importante tener en cuenta que a menudo la simpatía y la aversión son una cuestión de afinidad y que vale la pena esforzarse para hacer sentir bien a los demás. Las personas más diferentes a nosotros nos pueden aportar visiones y valores que complementan los nuestros.

Y recordemos que al principio puede resultarnos difícil la situación, pero es perfectamente posible convivir con personas que no nos caen bien, siempre que mantengamos una distancia saludable y renunciemos al resentimiento.

Susana Fernández Capittini. Asistente virtual certificada

 

 

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