La importancia de la aceptación de la realidad para el buen fluir de nuestra vida

Hace días que no hago más que pensar en los tiempos difíciles que estamos atravesando y en cómo afecta esta situación a cada uno de nosotros. Ya no se trata de casos aislados ni de lugares determinados. Las diferentes sociedades que componen este mundo se encuentran atravesando situaciones de crisis que no sólo se prolongan sino que además se agravan.

En este contexto, la reacción inmediata es la negación,  no reconocer que estamos formando parte de  esa situación, generando sentimientos de frustración, dolor, ansiedad y enfermedad. Se instala de inmediato la desesperanza, y nos empeñamos en creer que lo que sucede no es verdad.

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Cuando dejamos de negar la realidad, se apodera de nosotros un sentimiento de rencor y a su vez de reproche hacia nosotros y/o hacia los demás por lo que nos acaba de ocurrir. Es aquí cuando se debe tener muy en cuenta nuestro comportamiento, debido a que el odio nos lleva a herir, sin darnos cuenta,  a los que nos rodean. Si bien es difícil lograr un equilibrio en estas situaciones, deberíamos intentar no dañar a nuestra familia y amigos,  y aceptar sus ofrecimientos de ayuda.

También suele manifestarse cierta depresión, no vemos ninguna salida, y si llegara a existir alguna, se demora demasiado, lo que requiere mucho esfuerzo y paciencia. Muchas veces los períodos de exaltación y depresión se suceden, una forma de escapar a la realidad de la situación.

En los momentos de crisis no hay actitudes buenas o malas, cada uno reacciona como puede y es bueno que así sea. Al producirse la crisis iniciamos un proceso, y para salir de ella iniciaremos otro, hacer el intento significa apostar por el futuro.

Para iniciar el proceso de salida de una situación muy dura, lo primero es aceptarla. En la aceptación de la frustración de un deseo se pone en marcha un mecanismo de reconocimiento de que la realidad es esta y no hay otra. Uno se despide para siempre de lo que no está o no pudo ser.

La aceptación implica entender completamente que lo temido e inesperado tuvo lugar, y nos está ocurriendo a nosotros. No lo merecemos, no sabemos qué hacer, pero, nos está pasando. El dolor quedará atrás una vez que nos acostumbremos a la nueva realidad.

Ya estamos ubicados en el momento presente y a partir de ahora se abren las puertas hacia otra oportunidad en la vida. Sólo entendiendo lo que nos sucede podremos actuar en la realidad, y esto favorecerá nuestra predisposición interior para ver las diversas  posibilidades que se nos presentan en nuestro camino.

En nuestras manos está modificar nuestro rumbo, de nosotros depende descubrir esa nueva oportunidad y transformarla en el primer paso hacia un nuevo comienzo.

Susana Fernández Capittini. Asistente virtual certificada

 

 

 

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