Encontrar la justa medida


encontrar-empatiaCuando pensamos en la relación que llevamos con los que nos rodean, ya sean amigos, compañeros de trabajo o de pareja, es muy frecuente que nos preguntemos si estamos manejando bien las distancias. A todos nos interesa encontrar el equilibrio adecuado, pues si nos mantenemos demasiado lejos corremos el riesgo de enfriar esa relación, pero también es cierto que si nos acercamos en demasía lo más probable es que ahoguemos al otro sin darnos cuenta.

En el caso de mantener una distancia excesiva con los demás, nos impedirá crear confianza y lograr una relación sólida. Muchas veces la prudencia nos lleva a mantener una posición cómoda y de protección. Si bien no sufriremos desilusiones o grandes decepciones, también es cierto que nos estaremos privando de establecer grandes relaciones. La única manera de conectar con el otro es abrirnos y compartir nuestras experiencias, pero sobre todo hacerlo partícipe de nuestras emociones. Si tan sólo nos dedicamos a hablar de temas generales sin implicarnos con nuestra opinión, la relación carecerá de complicidad y confianza. Muchas veces tendremos que tomar la iniciativa, y así daremos lugar al otro a que siga nuestro ejemplo.

Por otro lado, está la posición opuesta, la de la proximidad exagerada y permanente, bastante nociva, por cierto, para las relaciones. Con esta actitud generamos un sentimiento de asfixia que desgasta muchísimo a la otra persona, y la lleva a desear la hora de perdernos de vista. No tenemos que apoderarnos de la intimidad del otro, más aún porque cada uno tiene sus tiempos y debemos respetarlos.

Pero, ¿Cómo podemos llegar a lograr la distancia ideal? Aquí es cuando debemos darle entrada a una destreza básica de la comunicación interpersonal: la empatía. Ella nos permitirá estar conscientes de reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás. Debemos tener en cuenta que en nuestras relaciones no sólo forma parte el contenido verbal, sino que existen muchos otros signos llenos de significado que debemos considerar y  asimilar para sacarles  partido.  Prestemos atención a la postura, el tono e intensidad de la voz, un gesto,  la mirada e incluso el silencio mismo, todos ellos nos están enviando una continua información a la que deberemos dar la interpretación adecuada. Si bien no podemos leer las mentes, sí existen esos otros signos que pueden tener una apariencia invisible, pero que debemos aprender a “leer”.

Y un comentario final, para aclarar con un ejemplo, en este caso de mi vida personal, que la distancia física nada tiene que ver con la psicológica. Tengo un gran amigo, a 14.000 km de distancia, pero aún así es al primero que hago partícipe de lo que ocurre en mi vida, aunque lo hago por medio de un e-mail. Será porque nuestra relación se construyó sobre unas bases sólidas de apoyo en momentos difíciles o quizá porque tiene la gran sabiduría de saber a qué distancia situarse en cada momento. Nuestra amistad no se ha visto afectada por la distancia ni en su calidad ni en su valor, hasta diría yo que se ha hecho más firme y sólida.

Susana Fernández Capittini. Asistente virtual certificada


 

 

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