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El jefe que hace más daño


El jefe que hace más dañoLas personas que están al frente de nuestra actividad diaria, o sea nuestro trabajo, tienen una influencia enorme en nuestra felicidad cotidiana. Un mal jefe condiciona de tal manera nuestra vida diaria, que puede llegar a ser el culpable de nuestra apatía, depresión o incluso de una baja laboral.


El dirigente por excelencia a temer, suele ser el que posee una personalidad autoritaria, aquél que no entiende razones y carga todas las culpas sobre sus subordinados. Aunque muchos piensen lo contrario, ese no es el perfil más nocivo. Existe algo peor aún que tener un jefe exigente e inflexible: es sufrir un líder blando que pretende contentar a todos y que por ello nunca toma decisiones ni es justo con sus empleados.


El jefe diplomático al principio nos resulta muy agradable, pero cuando llegan los conflictos, el equipo queda indefenso a causa de su falta de liderazgo. Esta persona no es que sea moderada y tímida, sino que detrás de ello se esconde el miedo a equivocarse o de ganarse enemigos. Este perfil es muy común en algunas empresas y al tratar de alejarse de los valores de la autoridad tradicional, lo único que ofrece a cambio son más problemas que soluciones.


Si bien el modelo de jefe déspota y jerárquico no es el ideal, no significa que no debamos rescatar algunas de sus virtudes, puesto que toda nave debe ser capitaneada si quiere llegar a puerto.


El líder clásico se caracteriza por la toma de decisiones y la resolución de problemas. Además antepone las necesidades de la empresa a las de los empleados y se apoya en determinadas reglas que hace cumplir a su equipo. Representa la autoridad patriarcal aplicada al mundo de la empresa.


Esta figura, en el siglo XXI, en muchas organizaciones ha sido sustituida por el líder sin carisma que hace su trabajo y rehúye los problemas. Ante esta actitud, los empleados se desesperan pues su jefe nunca toma partido e intenta quedar bien con todo el mundo, mientras los problemas y las injusticias se acumulan. Es este líder blando el que puede acabar haciendo más daño que el líder duro y autoritario.


Esta clase de dirección lleva aparejados los siguientes daños colaterales: apatía de los empleados que saben que cualquier propuesta caerá en saco roto; frustración por la desidia de la empresa que deja que se enquisten los problemas; fricciones dentro del mismo equipo, que debe autogestionarse , imponiéndose los caracteres más dominantes y, a menudo, tiránicos; sentimiento de inutilidad y pérdida de tiempo, lo que lleva a aplicar la ley del mínimo esfuerzo.


Sin recurrir al modelo autoritario, el liderazgo efectivo es el que ejerce el jefe que dirige así a su equipo:

  • Transmite objetivos comunes y un estilo claro que da identidad.

  • Escucha a cada uno de los componentes del grupo y se asegura de que entienden el funcionamiento del sistema. Aprovecha sus virtudes individuales para el trabajo en equipo.

  • Actúa de juez ante cualquier conflicto que se presenta en el grupo, guardando respeto y confidencialidad.

  • Cuando uno de los componentes del equipo no es recuperable y trae problemas de rendimiento general, lo aparta para que ese problema no se extienda a todo el grupo.

En el caso que nos tocara en suerte un líder blando, tendremos que buscar el modo de sobrevivir.
Muchos expertos en este tema aconsejan que ante esta situación lo conveniente sea pedirle al jefe verbalmente el liderazgo que necesita y conseguir compromisos por escrito, si es una persona poco asertiva a la hora de dialogar.


Si nos dirigimos a él o ella con tacto y nuestro discurso es razonable reaccionará con moderado agradecimiento así como con cierta sorpresa. Y puesto que su principal preocupación es conservar su puesto, entonces hará los cambios necesarios para corregir los defectos de su gestión para poder proseguir su silencioso liderazgo.

Quizás la clave esté más allá de ser duro o blando con los empleados, o sea, en actuar con justicia y reconocer los méritos de los demás, para que una vez fijado el objetivo común, todos puedan marchar en la misma dirección.

 

 

 

 

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