A mal tiempo… buena cara

 

 

 

A mal tiempo... buena caraEs evidente que estamos viviendo tiempos de indignación, desesperanza, impotencia y pesimismo.

La crisis económica, la falta de trabajo, la pérdida del confort logrado, etc., etc., son razones más que suficientes para que nos invada el desánimo. Pero también es cierto que seguimos vivos, nuestro corazón sigue latiendo indicándonos que la vida continúa su curso y que no hemos perdido la capacidad de decidir qué camino tomar o lo que es lo mismo, aún contamos con la posibilidad de optar cómo vivir.

El ser humano cuenta con la característica de sentir emociones y sentimientos contradictorios al mismo tiempo. Todos hemos experimentado esto en alguna ocasión, por ejemplo solemos ser duros y cariñosos al mismo tiempo con nuestros hijos y amigos. Y podemos simultanear indignación o impotencia con los sentimientos de coraje y entusiasmo. A pesar de ser contradictorios podemos sentirlos al mismo tiempo. El secreto está a cual consideramos más competente. Y lo recomendable sería que consideremos que sólo existe una posibilidad, evitar la simultaneidad.

El entusiasmo es una de las claves del éxito en la vida, tiene un gran poder de contagio y se nutre de sí mismo. En total oposición a él, tenemos al desánimo cuyo mayor poder es el de ahuyentar. El entusiasmo es una energía que poseemos todos, pero las creencias limitantes, como el no puedo, no lo lograré, puede terminar con esa energía. En una palabra, somos nosotros mismos los que decidimos. Si dudamos que valga la pena gastar energías en algo no asegurado, ya hemos perdido la ocasión del éxito.

Las personas que creen que hay que vivir plenamente cada instante de la vida, evitando el abatimiento, son las que están llenas de entusiasmo. Por otro lado, ¿qué interés podemos sentir en estar encerrados en el sufrimiento, la indignación y la falta de creencia en nosotros mismos?, ¿acaso esto nos proporciona alguna utilidad?

Con esto no quiere decir que nunca caigamos en el desánimo, sería algo imposible por cierto. El hecho es que sepamos salir rápidamente de él, que lo reconozcamos como algo inútil e improductivo. Para lograrlo deberemos manejar con sabiduría nuestros pensamientos, tenemos que destacar lo positivo y bloquear toda reacción negativa o dramática de un hecho que todavía no ha ocurrido.

Tratemos siempre de vivir el presente con entusiasmo, y del mañana, ya no ocuparemos cuando llegue.

Susana Fernández Capittini. Asistente virtual certificada

 

 

 

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